Joseph Wilson, conocido como Jericho, debutó en los 80 gracias a Marv Wolfman y George Pérez. Hijo de Deathstroke, este héroe mudo poseía la capacidad de poseer cuerpos ajenos con solo la mirada. A pesar de su potencial y su trágica historia familiar, el personaje fue desapareciendo de las tramas principales hasta quedar en un olvido editorial casi total.
La mecánica técnica de un poder olvidado 🧠
La habilidad de Jericho se basa en la proyección astral de su conciencia. Al establecer contacto visual, su espíritu abandona su cuerpo mudo para ocupar el control motor de otro individuo. Durante el proceso, su forma física queda vulnerable. El personaje no habla, pero se comunica por lenguaje de señas o telepatía. A nivel narrativo, su poder permite tramas de espionaje y conflicto interno, pero la complejidad de integrarlo en equipos limitó su uso continuado.
La posesión no da para una serie propia 🎮
Tener el poder de poseer cuerpos suena genial hasta que te das cuenta de que tu cuerpo original se queda tieso como una estatua mientras tú haces el trabajo sucio. Jericho es básicamente el mando a distancia humano de DC: útil, pero si pierdes la mirada, te quedas sin batería. Y así, entre miradas perdidas y guionistas que no sabían qué hacer con él, el hijo de Deathstroke acabó en el baúl de los recuerdos.