El director James Gunn ha dejado atrás al equipo de The Suicide Squad para centrarse en una nueva película del DCU protagonizada por Bane y Deathstroke. Este giro supone un cambio de enfoque: en lugar de criminales forzados a misiones imposibles, seguiremos a dos mercenarios con moral dudosa. Para el público, esto significa acción desde el punto de vista de los malos, manteniendo el equilibrio entre héroes y villanos. El nuevo DCU apuesta por antihéroes como motor del entretenimiento.
El motor técnico de los antihéroes en el DCU 🎬
Desde el desarrollo narrativo, este cambio implica un uso distinto de recursos tecnológicos en pantalla. Bane y Deathstroke requieren coreografías de combate más realistas y efectos prácticos, alejándose del CGI excesivo de escuadrones enteros. Gunn ha mencionado que priorizará planos secuencia y escenarios reales para resaltar la fuerza bruta de Bane y la precisión táctica de Deathstroke. Esto también afecta al diseño de sonido, con golpes y disparos más contundentes. El resultado es una producción que apuesta por la fisicidad sobre los efectos digitales masivos.
Adiós a los explosivos en el cuello, hola a los problemas de espalda 😅
Con este cambio, los villanos dejan de ser peones con collar explosivo para convertirse en protagonistas con dolores de espalda crónicos. Bane, que ya carga con su máscara y un frasco de veneno, ahora debe lidiar con el ego de Deathstroke, que probablemente le recordará cada dos minutos que él es el mercenario más caro del mundo. Lo mejor es que, al no tener una misión impuesta por Amanda Waller, sus peleas serán por motivos personales, como discutir quién paga la cena o si el veneno de Bane caduca.