Estados Unidos concretó su primer envío de un migrante a Palau, una remota nación del Pacífico, como parte de un acuerdo de 7.5 millones de dólares para acoger hasta 75 personas. El deportado llegó en mayo, pero se fue tras dos semanas. Para la ciudadanía, esto muestra cómo EU externaliza sus problemas migratorios a países vulnerables y que la política puede no ser sostenible si los deportados no se quedan.
La logística del exilio: tecnología de vigilancia y control remoto 🛰️
Para gestionar este tipo de acuerdos, se emplean sistemas de monitoreo satelital y bases de datos biométricas compartidas entre agencias migratorias. Palau carece de infraestructura para retener a personas contra su voluntad, por lo que el control se basa en acuerdos de visado y reportes periódicos. La tecnología usada es similar a la de programas de asilo en terceros países, como el de Australia con Nauru, pero con menos recursos. Sin un sistema de rastreo efectivo, el retorno voluntario o la fuga son probables.
El turista deportado: vacaciones pagadas por el contribuyente 🏝️
El primer deportado llegó a Palau, vio el océano, quizás se tomó un coco, y al no encontrar un Starbucks ni wifi decente, decidió que mejor volvía a su país de origen. Así, por 7.5 millones de dólares, EU pagó unas vacaciones exprés a un migrante que, literalmente, no se quedó ni para la foto. La próxima vez, tal vez incluyan un folleto de bienvenida con los horarios del único vuelo semanal de salida.