La tercera entrega de Enola Holmes llega con críticas tibias. La fórmula que funcionó en las dos primeras películas se diluye entre subtramas que no aportan. El rescate de Sherlock y una boda paralela saturan la pantalla, dejando poco espacio para el carisma de Millie Bobby Brown. Para el público, la saga ha perdido el encanto de sus inicios.
El desarrollo técnico se estanca en una fórmula sobreexplotada 🎬
Desde un punto de vista narrativo, el guion acumula personajes secundarios sin desarrollo real. Cada subtrama compite por atención, pero ninguna se resuelve con solidez. La dirección repite los mismos recursos visuales de las entregas anteriores: planos rápidos, ruptura de la cuarta pared y un tono ligero que aquí choca con la densidad argumental. El resultado es un producto técnicamente correcto, pero sin la chispa que distinguía a la serie.
Spoiler: ni el cameo de Sherlock salva este pastel nupcial 🎂
La boda parece sacada de un capítulo de telenovela de sobremesa, con invitados que nadie recuerda y un pastel que probablemente tenga más capas que la trama. Y Sherlock, que debería ser el as bajo la manga, aparece tan distraído que parece estar buscando la salida. Si la idea era aburrir al espectador para que eche de menos las partidas de ajedrez de las primeras pelis, misión cumplida.