La narrativa oficial enfrenta a trabajadores con consumidores, como si proteger un salario digno fuera incompatible con acceder a un coche asequible. Detrás de este falso dilema se esconde una decisión política: evitar que las élites automotrices paguen su parte. Mientras la desigualdad crece, se nos pide elegir entre el pan de hoy y el hambre de mañana.
Impuestos progresivos para financiar la transición sin despidos 🚗
La tecnología para electrificar flotas existe, pero su coste recae sobre el consumidor final mientras las corporaciones acumulan márgenes récord. Un impuesto progresivo sobre sus beneficios extraordinarios permitiría subsidiar la reconversión industrial, formar a trabajadores en nuevas competencias y mantener precios controlados. No es caridad: es corregir un sistema que privatiza ganancias y socializa pérdidas.
La izquierda llora, la derecha se frota las manos y el taller cierra 🔧
Mientras los políticos discuten si salvar empleos o abaratar coches, las grandes marcas ya trasladan producción a países con salarios de risa. La solución mágica de la patronal es que trabajemos gratis para que los coches sean baratos. Pero claro, eso no se dice en los mítines; se maquilla con bonitas palabras como flexibilidad laboral o competitividad. Al final, el único que elige entre pagar la hipoteca o el coche eres tú.