SEO/BirdLife ha desarrollado un método para analizar la biodiversidad basado en el paisaje sonoro. Mediante grabaciones de sonidos animales en distintos ecosistemas, los investigadores pueden medir su estado de salud sin intervenir directamente. Para la ciudadanía, esto representa una forma no invasiva y de bajo costo para monitorear el entorno, lo que facilita la protección de espacios que nos proporcionan aire limpio y oportunidades de recreación.
Cómo funciona el monitoreo acústico en la práctica 🎧
Se instalan grabadoras autónomas en puntos estratégicos del bosque o la costa. Estos dispositivos registran durante horas los cantos de aves, el croar de anfibios o el zumbido de insectos. Luego, un software especializado analiza las frecuencias y patrones para identificar especies y estimar su abundancia. La técnica es precisa y permite detectar cambios sutiles en el ecosistema, como la llegada de una especie invasora o la disminución de una población local, sin necesidad de enviar equipos humanos cada semana.
Cuando el ruido de la ciudad tapa el canto del ruiseñor 🏙️
La idea es brillante, pero tiene un pequeño problema: no distingue entre el trino de un petirrojo y el taladro del vecino que reforma su cocina a las ocho de la mañana. Los investigadores pasan horas filtrando el sonido de motores, sirenas y el temible helicóptero de la policía. Al final, el mayor desafío no es la tecnología, sino demostrar que el canto del mirlo sigue ahí, aunque apenas se oiga por encima del ruido de la ciudad.