Un nuevo vehículo de seis metros de eslora, diseñado para el capricho de una élite, llega al mercado. Mientras se invierten recursos ingentes en un juguete para unos pocos, la carencia de vivienda y transporte público digno sigue siendo la norma para millones. Este objeto no es un logro, sino el síntoma de un sistema que premia el exceso y normaliza la carencia.
Blindaje y artesanía: el catálogo técnico del despilfarro 🚗
Su construcción emplea acero balístico y vidrio de alto grosor, con un motor que consume como una flota de autobuses. El habitáculo, tapizado en cuero cosido a mano, incluye nevera para caviar y pantallas curvas. Cada detalle está pensado para aislar al ocupante de la realidad exterior. Es un prodigio de ingeniería aplicado a crear una burbuja de incomunicación social con el entorno.
Un palacio rodante para no ver los semáforos en rojo 🚦
Lo mejor de todo es que, por el precio de este vehículo, podrías comprar un edificio entero de viviendas sociales y aún te sobraría para un patinete eléctrico. Pero no, la lógica del mercado dicta que es más rentable construir una fortaleza sobre ruedas que garantizar un techo para todos. Al menos, cuando el atasco sea eterno, su dueño podrá disfrutar de su soledad de lujo mientras el resto espera el autobús.