Arthur Brown, conocido como Cluemaster, debutó en Detective Comics #351 (1966) bajo la pluma de Gardner Fox y el lápiz de Carmine Infantino. Este villano de segundo nivel se distinguía por su obsesión con dejar pistas antes de sus crímenes, un método que lo hacía peculiar pero poco efectivo. Su historia se perdió entre los grandes nombres de DC, aunque su legado técnico y su hija Stephanie Brown (la tercera Spoiler) le dieron cierto renombre.
El método forense inverso de un villano de segunda fila 🕵️
Cluemaster operaba con un sistema de acertijos que, lejos de ser un simple capricho, funcionaba como un desafío forense inverso. Dejaba pistas en escenas del crimen que, en teoría, solo un detective de alto nivel como Batman podría descifrar. Sin embargo, su técnica era predecible: usaba códigos de periódicos, mensajes cifrados y referencias a casos anteriores. Para 1988, en Detective Comics #569, su método ya era obsoleto, superado por el análisis computacional de datos que Batman implementaba en la Batcomputadora.
El villano que se esforzaba más en el marketing que en robar 🤡
Lo curioso de Cluemaster es que dedicaba tanto tiempo a diseñar sus pistas que casi olvidaba cometer el crimen. Era como un youtuber de los 60 que preparaba un video de diez minutos para anunciar que había robado un banco, pero se quedaba sin batería en la cámara. Su hija Stephanie, al heredar su traje, al menos tuvo la decencia de no dejar acertijos ridículos. Arthur Brown demostró que ser un villano no es difícil, lo difícil es no parecer un idiota haciéndolo.