El reciente accidente de Sergio Pérez en Austria ha reabierto el debate sobre el diseño del ala trasera de Red Bull. Aunque muchos apuntan a la flexibilidad del componente, el problema real es más sutil: el flujo de aire se despega del ala cuando esta se cierra en menos de 0.4 segundos. Esto provoca pérdida de carga aerodinámica en curvas de alta velocidad como las de Silverstone, donde apenas se toca el freno.
Aerodinámica al límite: el fallo en la transición del DRS 🏎️
El sistema DRS de Red Bull cierra el ala trasera con una velocidad inusual, buscando minimizar la resistencia al aire en rectas. Sin embargo, ese cierre abrupto genera un desprendimiento de la capa límite, impidiendo que el aire se adhiera al perfil alar. En curvas rápidas de Austria o Silverstone, donde la velocidad es alta y la frenada mínima, el ala no recupera su función de downforce a tiempo. El coche pierde agarre trasero de forma repentina, llevando al piloto a un trompo sin previo aviso.
El pliegue que convierte a Checo en un trompo humano 🌀
Ver a un ingeniero explicando que 0.4 segundos es una eternidad para un ala de F1 es casi poético. Mientras los pilotos luchan por mantener el control, el ala de Red Bull decide hacer yoga: se pliega rápido, se estira y deja al coche bailando como un pato mareado. Si los diseñadores no ajustan ese cierre, veremos a Pérez y Verstappen haciendo más piruetas que en un circo. Al menos, el espectáculo está garantizado, aunque sea a costa de los nervios de los aficionados.