Una empresa de accesorios caninos ha lanzado un anuncio generado por inteligencia artificial. Afirman que no es basura de IA porque dedicaron mucho esfuerzo a hacerlo realista. Para el público esto plantea un problema: cada vez cuesta más distinguir lo auténtico de lo falso en publicidad. Aunque el resultado visual sea bueno, saber que es artificial genera desconfianza inmediata.
El realismo artificial como nuevo estándar publicitario 🤖
La técnica usada combina modelos generativos de imágenes con ajustes manuales en texturas, iluminación y movimiento. El equipo invirtió horas en refinar detalles como el brillo del pelaje o la sombra del collar sobre el perro. Sin embargo, por muy pulido que esté el resultado, el proceso sigue siendo sintético. La tecnología avanza rápido, pero la transparencia no corre a la misma velocidad. El problema no es la IA, sino cómo se comunica su uso.
El perro real y el collar de mentira: un culebrón digital 🐶
Ahora resulta que hasta los collares para perros necesitan un making of para demostrar que no son un sueño de la máquina. Pronto veremos etiquetas en los anuncios tipo: este perro es real, el collar también, pero el césped lo generó una red neuronal. Y mientras tanto, los perros de verdad siguen sin entender por qué sus dueños les toman fotos desde doce ángulos distintos. Ironías del progreso: vendemos realismo pero lo que falta es honestidad.