El cierre definitivo del almacén de gas Castor añade más de 330 millones extra a la factura pública, elevando el total a 1.700 millones. Esta infraestructura, situada frente a la costa de Castellón, nunca llegó a operar por el riesgo sísmico que generaba. Ahora, su desmantelamiento encarece aún más el proyecto fallido, y el dinero público se destina a pagar una obra sin beneficio directo para la ciudadanía.
Tecnología sísmica mal calculada: el error que condenó el proyecto 🛑
El almacén Castor se diseñó para inyectar gas natural en un antiguo yacimiento de petróleo, pero la presión ejercida reactivó fallas geológicas latentes. Entre 2013 y 2014 se registraron más de 500 terremotos de baja magnitud en la zona, lo que obligó a paralizar la actividad. Los estudios técnicos posteriores confirmaron que la estructura geológica no soportaba las operaciones de inyección. El proyecto, avalado inicialmente por informes optimistas, demostró que la ingeniería sísmica aplicada fue insuficiente para prever el riesgo real.
El agujero sin fondo que respira gas y dinero público 💸
Lo más curioso del Castor es que, aunque nunca almacenó ni un metro cúbico de gas útil, sí ha sido un pozo sin fondo para el erario público. Ahora, desmantelarlo costará más que construirlo, como comprar un coche que no arranca y pagar más por desguazarlo que por el vehículo nuevo. Los contribuyentes, ajenos a esta genialidad técnica, pueden consolarse sabiendo que al menos el terreno seguirá temblando de vez en cuando, como recordatorio de que el dinero público tiene talento para evaporarse.