La seguridad vial se ha convertido en un espectáculo de radares urbanos y multas exprés, mientras los caminos rurales, donde fallecen cada año decenas de trabajadores agrícolas mayores, permanecen en el abandono. No se trata de accidentes inevitables, sino de una falta de inversión crónica en mantenimiento de vías secundarias y en formación específica para conductores de maquinaria. La hipocresía gubernamental brilla cuando prioriza recaudar sobre proteger vidas en el campo.
Tractores obsoletos y asfalto deshecho: el coste técnico del olvido 🚜
El parque de tractores y maquinaria agrícola en España supera los 30 años de antigüedad media en muchas regiones. Sin un programa de revisión obligatoria, estos vehículos carecen de sistemas básicos de seguridad como luces reglamentarias o frenos eficientes. A esto se suma un firme de caminos con baches, falta de señalización y curvas sin peralte. La solución técnica pasa por destinar parte del presupuesto de tráfico a reparar estas vías y crear un plan de inspección periódica para la maquinaria envejecida.
Multar en la ciudad es más rentable que arreglar un bache en el campo 💸
Resulta que es más fácil instalar un radar que le saca 200 euros al conductor que se despista en la M-30 que destinar esos fondos a tapar el socavón que se traga el tractor del tío Paco cada martes. Pero claro, el tío Paco no vota en la capital, y su tractor no aparece en las estadísticas de tráfico urbano. Al menos, mientras él se juega la vida en un camino sin asfaltar, nosotros podemos circular tranquilos sabiendo que la DGT ha cumplido su cupo de multas mensual.