Beehive Industries adquirió dos talleres de maquinaria en Cincinnati para acelerar la producción de motores de aviones no tripulados. La movida responde a un contrato militar de 29.7 millones de dólares. La empresa ya usaba impresoras 3D para piezas, pero requería el acabado preciso de estos talleres. Para la ciudadanía, esto implica más inversión en defensa y posible creación de empleos locales.
Fabricación aditiva y mecanizado de precisión combinados ⚙️
La estrategia de Beehive mezcla impresión 3D con mecanizado tradicional. Las piezas salen de las impresoras, pero necesitan el toque final de tornos y fresas CNC para cumplir tolerancias militares. El objetivo es fabricar 8,000 motores al año. Los talleres comprados aportan décadas de experiencia en metales duros y acabados superficiales que las capas de polímero o metal sinterizado no logran por sí solas. Sin esa precisión, el motor no pasa las pruebas de vuelo.
El sueño húmedo de todo contratista de defensa 💸
Así que Beehive compró dos talleres viejos para que sus drones no se desarmen en pleno vuelo. Porque, seamos sinceros, una pieza impresa en 3D puede verse bonita, pero si el motor se traba a 10,000 pies de altura, el dron se convierte en un pisapapeles volador de 29.7 millones. Al menos los vecinos de Cincinnati tendrán trabajo lijando piezas metálicas mientras el Pentágono aprueba el próximo pedido.