El ruido mediático señala a las bandas juveniles como el enemigo, pero el verdadero problema es estructural. Miles de adolescentes en barrios marginados crecen con paro crónico y abandono escolar como horizonte. Es fácil alarmarse ahora cuando se han desmantelado programas de prevención, ocio educativo y apoyo familiar. La solución no es más mano dura, sino recuperar centros abiertos y formación profesional.
La tecnología como espejismo: sin red, no hay salida 🛠️
Mientras se demoniza a los chavales, se recortan los recursos que podrían reconducirlos. Un centro abierto con mediadores juveniles cuesta menos que un dispositivo de vigilancia. La formación profesional accesible, con talleres de oficios digitales o técnicos, ofrece una alternativa real al vacío. Sin inversión en infraestructura social, la única red que encuentran es la del móvil y el grupo de la esquina. No es fallo técnico, es fallo político.
Solución mágica: cerrar centros y abrir comisarías 🚔
La fórmula es sencilla: recortamos todo lo que funcione, esperamos a que estalle el problema, y luego nos rasgamos las vestiduras. Como apagar el router para solucionar un virus. Si en lugar de alarmarnos invirtiéramos en mediadores, tendríamos menos tertulias y más soluciones. Pero claro, es más fácil echar la culpa al móvil que reconocer que el sistema les ha fallado desde el principio.