Si me equivoco, existo: un antídoto contra la religión de la productividad 🤔
Vivimos bajo la tiranía de la auto-optimización constante, donde el fracaso se interpreta como un defecto moral. Este culto secular a la productividad nos exige ser máquinas de rendimiento perpetuo. Frente a esto, la frase de San Agustín, Si me equivoco, existo, ofrece un contrapunto necesario. Reivindica el error como un dato inherente a la condición humana y un recordatorio de que estamos en un camino de aprendizaje, no de perfección.
El error como feature, no como bug en el desarrollo 🐛
En programación, un sistema que nunca lanza excepciones o errores es, o bien trivial, o bien sus fallos están perfectamente enmascarados. Los logs de error, los try-catch y los procesos de debug existen porque el fallo es información crucial. Asumir que un código será perfecto en su primera iteración es tan ilusorio como creer que una persona no cometerá equivocaciones. Integrar el error en el proceso, analizarlo y aprender de él, es lo que permite construir sistemas robustos y evolucionar.
Guía rápida para ser declarado hereje productivo ⚔️
Para unirse a esta disidencia, siga estos pasos. Primero, cuando falle un deploy, en lugar de flagelarse, diga: Interesante, este error confirma mi existencia. Segundo, rechace la reunión de optimización de flujo para tomar un café sin propósito. Tercero, archive ese curso sobre machine learning en 7 días y acepte que no lo hará. El pecado capital ya no es la gula, sino tener una bandeja de entrada sin leer. Relájese, su certificado de humano imperfecto está en camino.