Identidad digital: del espía del siglo XVIII al protocolo soberano 🔐
La historia de Chevalier d'Éon, diplomático francés que vivió como hombre y mujer, muestra que la identidad puede ser compleja. Hoy, ese debate está intoxicado por el acoso y la pérdida de privacidad. Si d'Éon viviera ahora, no buscaría un pasaporte falso, sino una solución tecnológica: un sistema de identidad digital soberana que permita controlar nuestra expresión ante los demás.
Hacia un protocolo de identidad fluida y con capas 🧩
La propuesta sería un núcleo de identidad verificado (como una clave criptográfica), anclado a una entidad soberana. A partir de ahí, cada usuario generaría avatares o perfiles secundarios. Estos tendrían distintos niveles de anonimato y atributos (nombre, género, datos). Podrías tener un perfil profesional vinculado, otro para redes sociales con expresión fluida, y otros completamente anónimos para foros. La clave es el control granular sobre qué avatar revela qué datos del núcleo y a quién.
D'Éon hoy: ni un like con su nombre real 🎭
Imaginemos a d'Éon navegando hoy. Para consultar un foro de esgrima del siglo XVIII, usaría un avatar anónimo Espadachín_1730. Para su trabajo diplomático, un perfil verificado Charles d'Éon. Y para explorar moda en París, un perfil Lia con género femenino y cero conexión pública con el anterior. La policía secreta francesa intentaría doxearlo, pero solo encontraría capas de cifrado. Su mayor logro no sería espiar a Rusia, sino que su banco no le enviara publicidad con el título equivocado.