El experimento del portátil en las aulas: 25 años después 📅
En 2002, Maine lanzó un programa pionero para reemplazar libros de texto por ordenadores portátiles en las escuelas. Casi un cuarto de siglo y miles de millones de dólares después, los resultados distan de lo esperado. Expertos indican que el acceso masivo a la información no se tradujo en una mejora del aprendizaje. Neurocientíficos como Jared Cooney Horvath han alertado incluso de un efecto negativo en las capacidades cognitivas de los estudiantes.
La paradoja tecnológica: acceso ilimitado, profundidad limitada 🤔
La hipótesis inicial era que la tecnología, al facilitar el acceso a recursos y personalizar el ritmo, potenciaría la comprensión. Sin embargo, estudios cognitivos señalan lo contrario. La multitarea constante, las notificaciones y la navegación superficial fragmentan la atención y perjudican la memoria a largo plazo. El cerebro no procesa igual en papel que en pantalla, donde predomina el escaneo rápido sobre la lectura profunda. La herramienta diseñada para amplificar el conocimiento puede estar mermando la capacidad de construirlo.
De Maine al meme: cuando el click sustituyó al pensamiento 😬
Así que el gran plan para crear una generación de superalumnos nos ha dejado con estudiantes que pueden encontrar un tutorial en YouTube en segundos, pero les cuesta seguir un argumento lineal durante tres páginas. Ironías del progreso: hemos equipado aulas con más potencia de procesamiento que la NASA para llegar a la Luna, solo para que esa potencia se use principalmente en ver TikTok entre ejercicio y ejercicio. El futuro que nos prometieron tenía pensamiento crítico; el que recibimos tiene un botón de actualizar y una capacidad de atención de un caramelo masticable.