Freud y la adicción a redes sociales

Freud y la adicción a redes sociales
Este texto presenta un escenario imaginario donde Sigmund Freud examina la adicción a redes sociales y la economía de atención en el entorno digital moderno, aplicando sus ideas psicoanalíticas
Freud ve comportamientos en línea como síntomas de conflictos internos
Desde el psicoanálisis, Freud vería el uso compulsivo de internet como señal de disputas mentales sin resolver. Él interpretaría la caza incesante de likes o el deslizamiento sin fin como una liberación de impulsos del Ello, facilitada por la tecnología. Las plataformas servirían como sustitutos que cumplen deseos de forma rápida pero vacía, lo que impide al individuo afrontar sus miedos verdaderos. Freud destacaría cómo el diseño de apps aprovecha defensas como la represión y la transformación de impulsos agresivos o sexuales.
Aspectos clave que Freud analizaría:- La validación externa como escape de ansiedades profundas
- El rol de la tecnología en la mediación de pulsiones ⚙️
La plataforma actúa como un objeto que satisface deseos de manera inmediata pero superficial.
El Superyó se adapta al mundo digital y produce culpa
En la economía de atención, surge un Superyó adaptado al digital. Este incorpora reglas sociales de éxito y visibilidad que impulsan las redes, lo que genera culpa continua por no crear contenido o faltar popularidad. Freud sostendría que esta situación agrava el descontento cultural, ya que nadie alcanza el ideal del Yo en línea. El temor a perderse eventos y las comparaciones enfermizas se verían como respuestas a sensaciones de inferioridad o vacío. La pantalla proyecta fantasías y neurosis.
Elementos que refuerzan el malestar:- Normas de visibilidad que internaliza el Superyó
- Comparaciones que despiertan ansiedad y culpa
Una terapia hipotética obliga a enfrentar lo oculto
Freud aplicaría su enfoque para revelar lo inconsciente. Él crearía una intervención que impulse al usuario a identificar motivos escondidos tras cada interacción. En vez de apps que retienen atención, sugeriría una herramienta que examine hábitos de uso para descubrir cómo búsquedas o interacciones repetidas ocultan deseos reprimidos o disputas sin resolver. El fin sería una liberación que devuelva al sujeto el dominio de su energía mental, capturada por algoritmos. Imaginar un informe de IA que revele engagement en tweets políticos como máscara de envidia edípica no resuelta lo haría encender un cigarro extra. Diagnosticar complejos de inferioridad por filtros de Instagram o fijaciones orales por ver reels pasivamente resulta un ejercicio anacrónico pero iluminador. Su influencia sugeriría que el inconsciente real ahora usa cookies y acepta términos sin leerlos