El alemán Florian Wellbrock ha vuelto a demostrar su autoridad en los cinco kilómetros de aguas abiertas, sumando su segundo oro consecutivo tras la maratón. El español Betlehem se colgó la plata por segunda ocasión, confirmando su regularidad. Mario Méndez fue undécimo y Mateo García vigesimotercero, en una jornada donde la constancia hispana vuelve a quedar patente.
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La victoria de Wellbrock no es casualidad. Su ritmo constante y una lectura perfecta de las corrientes le permitieron dosificar energía mientras controlaba al grupo. Betlehem, por su parte, ejecutó una salida agresiva y se mantuvo en el grupo de cabeza, pero careció del sprint final del germano. Los datos de posicionamiento GPS y frecuencia de brazada muestran una diferencia mínima en los últimos 200 metros, factor que decidió el oro.
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Si Wellbrock fuese un robot, ya le habrían pedido la patente. Mientras tanto, los españoles siguen haciendo la misma rutina: entrenar, competir y quedarse a un suspiro del oro. Betlehem ya tiene dos platas y una paciencia de santo. Quizá debería probar con una aleta secreta o un delfín de apoyo. A este paso, el podio acabará aburriéndose de verle tan cerca.