La nueva cinta de Anne Hathaway y Ewan McGregor, The End of Oak Street, plantea una premisa tan atractiva como disparatada: un evento cósmico traslada un barrio entero a un territorio hostil poblado por dinosaurios. Sin embargo, el filme, que apenas supera los 100 minutos, dedica su primer acto a un desarrollo tan pausado que la paciencia del espectador se pone a prueba antes de que aparezca el primer reptil gigante. Una pena que la acción tarde en llegar.
El metraje se estira: análisis del ritmo narrativo y su impacto en la duración 🐢
El guion de The End of Oak Street invierte demasiado tiempo en establecer el conflicto familiar y las dinámicas vecinales, un lastre que se nota en la percepción del tiempo. Con una duración de 100 minutos, la película podría haber recortado al menos 20 minutos de presentación para llegar antes al núcleo de la acción. La dirección opta por planos largos y silencios que, si bien buscan crear atmósfera, terminan por diluir la tensión. El resultado es una cinta que se siente más larga de lo que es, y que sacrifica el entretenimiento por un dramatismo que no termina de cuajar.
Spoiler: el dinosaurio también se aburre y pide que avancen la trama ⏰
Tras media hora de conversaciones sobre hipotecas y vecinos cotillas, hasta el Tyrannosaurus rex de turno parece mirar el reloj. La familia protagonista se toma su tiempo para asimilar que están en un mundo extraño, mientras el público ya ha asumido que hay que correr. Lo irónico es que cuando por fin aparece el primer dinosaurio, uno casi siente alivio, no por el peligro, sino porque algo se mueve. Una cinta ligera que, con un montaje más ágil, habría sido un pasatiempo aceptable. Ahora, es solo un recordatorio de que hasta las premisas más locas necesitan un buen ritmo.