Sovereign Tower llega como un rol de mesa con caballeros excéntricos y gestión de reino. Su protagonista, Ursula, es una recluta desagradable que bebe vino de arañas y no pide disculpas. La mecánica central usa un relicario para rebobinar el tiempo tras cada duelo perdido, forzando al jugador a repetir misiones y diálogos. El humor ácido y el arte resultan atractivos, pero la ciudadanía nota que el bucle cansa tras unas horas de juego.
La mecánica del relicario: un sistema que premia la paciencia 🕰️
Técnicamente, el relicario funciona como un punto de control manual que se activa solo tras la derrota. Esto significa que cada error te devuelve al inicio de la misión, sin atajos ni opciones de guardado rápido. El diseño de niveles está pensado para que repitas conversaciones y combates, pero la falta de variedad en los eventos hace que la segunda o tercera vuelta se sienta idéntica. Los diálogos cambian ligeramente según tus elecciones previas, aunque el núcleo de la trama permanece intacto. La gestión del reino añade capas de estrategia, pero no compensa la monotonía del bucle.
Ursula y su relicario: el arte de perder con estilo 🍷
Si pierdes un duelo, Ursula no se queja: rebobina y vuelve a intentarlo, siempre con la misma copa de vino de araña en la mano. Es casi poético verla repetir la misma frase de derrota con una paciencia que ningún jugador humano posee. La ironía es que el juego te pide ser tan terco como ella, pero sin su hígado de acero. Tras la décima repetición, uno empieza a preguntarse si el relicario no debería incluir una función para saltarse los cumplidos de los caballeros. La diversión existe, pero es como beber ese vino: un gusto adquirido que no todos toleran.