Mercedes-Benz ha abierto en Gardens by the Bay su primer espacio en el Sudeste Asiático, el Mercedes-Benz Studio Singapore. No es un concesionario al uso: combina exhibición de vehículos con instalaciones artísticas digitales, zonas retail y eventos para la comunidad. La pieza central es Liquid Studios, de Metamo Industries, y el protagonista sobre ruedas es el SUV eléctrico GLC 400. Un espacio que mezcla catálogo, galería y salón de actos, con el 3D como hilo conductor.
Visualización 3D y entornos inmersivos: el nuevo estándar retail 🚗
Para el profesional del 3D, este estudio es un ejemplo práctico de cómo la integración de arte digital y diseño interactivo se convierte en herramienta de marca. Liquid Studios no es una pantalla pasiva: usa proyección mapeada y gráficos generativos que responden al movimiento del visitante, creando un diálogo entre el espacio físico y el virtual. La visualización arquitectónica y el renderizado en tiempo real ya no son solo para presentar un producto; ahora definen la experiencia de compra. El reto técnico está en sincronizar el contenido digital con la iluminación real del entorno, algo que exige dominar motores de render, simulación de fluidos y optimización para hardware expositivo. Mercedes-Benz no vende un coche, vende un escenario donde el coche es parte de la escenografía.
El jardín botánico ya no es solo para plantas, ahora también para renders 🌿
Gardens by the Bay ya tenía suficientes atracciones con sus superárboles y su invernadero gigante. Ahora, los visitantes pueden pasear entre orquídeas y, de repente, toparse con un SUV eléctrico iluminado por una instalación de arte digital que parece sacada de una película de ciencia ficción. Los organizadores lo llaman experiencia inmersiva; los que van a ver las flores, probablemente lo llamen bloqueo de la vista. Pero hay que reconocerle el mérito a Mercedes-Benz: si vas a meter un concesionario en un parque, al menos que sea con luces de colores y algo de interactividad. Así, el que no quiere comprar, se queda mirando la animación; y el que quiere comprar, tiene que sortear a los turistas con selfie stick. El 3D, mientras tanto, sigue haciendo su trabajo: convertir cualquier rincón en un escaparate.