La especulación sobre cancelar las citas finales en Oriente Medio ha resucitado el debate sobre Magny-Cours. El circuito francés, con licencia vigente, aparece como opción de emergencia. Sin embargo, los monoplazas actuales, más grandes y pesados que los de los años 90, convierten la pista en un reto. La falta de zonas de adelantamiento claras apunta a carreras procesionales, un espectáculo pobre para el aficionado.
Geometría obsoleta: el peso y la aerodinámica moderna chocan con el asfalto francés. 🏎️
La pista de Magny-Cours fue diseñada para coches de 600 kilos y aerodinámica simple. Los bólidos de hoy superan los 790 kilos y generan una carga aerodinámica brutal, lo que provoca estelas de aire sucio devastadoras para el perseguidor. Las curvas rápidas como el 'Château d'eau' o la 'Adelaide' exigen un flujo constante que se rompe al acercarse a otro coche. El resultado es una imposibilidad técnica para seguir al rival a menos de un segundo, eliminando cualquier opción de duelo en las escasas rectas.
Entradas caras para ver un tren de caravana. 😴
Los organizadores ya sueñan con llenar las gradas, pero el público pagaría una fortuna para ver a veinte coches en fila india, como un domingo cualquiera en la autopista A77. La única emoción sería contar los botes del coche de seguridad. Quizás deberían vender las entradas con descuento para los que quieran echar una siesta en las gradas. Un plan perfecto si el objetivo es que el público salga más descansado que entretenido.