El director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, ha puesto el dedo en la llaga durante su paso por Baeza: la cultura actual corre a tal velocidad que ha perdido el freno de la reflexión. En su intervención, el poeta advirtió que la mercantilización y la inmediatez de las redes sociales están vaciando el pensamiento crítico, sustituyendo el diálogo por reacciones impulsivas. Para la ciudadanía, el mensaje es claro: sin pausa, no hay conciencia.
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La crítica de García Montero apunta directamente al corazón de la era digital: las plataformas premian el golpe de efecto, no la profundidad. Un algoritmo que prioriza el clic sobre la comprensión convierte la libertad en una caricatura, donde la ley del más fuerte (o del más viral) sustituye al debate razonado. Frente a esto, el pensamiento crítico exige un esfuerzo que las interfaces actuales no incentivan. La tecnología, bien usada, podría ser una herramienta de emancipación, pero su lógica comercial la orienta hacia la distracción perpetua. Recuperar la lentitud es un acto de resistencia.
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Así que ya lo saben: si quieren salvar la democracia, apaguen el móvil y compren un libro. Pero ojo, que no cunda el pánico: leer un poema no duele, aunque tarda más que un tuit. Mientras tanto, seguiremos viendo cómo la reflexión pierde por goleada contra un vídeo de un gato. Lo irónico es que García Montero pide calma y nosotros aplaudimos con el pulgar en la pantalla. Quizá el próximo paso sea un curso exprés de filosofía en formato de historia de Instagram. La prisa, al final, también nos lleva a la cola del supermercado, pero sin pensar en por qué estamos ahí.