La organización de la IMSA busca reforzar su clase GTD Pro con la presencia estable de gigantes como Mercedes AMG y Ferrari, que hasta ahora solo aparecen en eventos selectos como las 24 Horas de Daytona o las 12 Horas de Sebring. La estrategia es clara: presionar a los fabricantes ya inscritos en la clase GTD para que den el salto. La medida promete una parrilla más densa y disputada, aunque muchos equipos la vean como una orden inesperada y no como una invitación.
Balance de rendimiento forzado: la nueva ingeniería de la presión 🏎️
El plan de la IMSA depende de ajustar su BoP (Balance de Performance) para que ascender no sea un castigo. Si Mercedes y Ferrari entran de lleno, habrá que recalibrar pesos, restrictor de admisión y alturas de conducción para evitar que dominen o que queden rezagados. Los ingenieros de las marcas actuales, como BMW o Porsche, ya trabajan en simulaciones para anticipar esos cambios. Pero la clave está en que la presión no solo es técnica: los acuerdos comerciales y las fechas de homologación serán el verdadero campo de batalla.
¿Obligados a correr? La IMSA juega al director de orquesta 🎼
Parece que la IMSA quiere tocar la batuta y que todos los fabricantes bailen al mismo ritmo. Pero los equipos ya murmuran que esto no es un vals, sino un empujón directo. Mientras tanto, los aficionados aplauden la idea de ver más duelos entre alemanes e italianos, aunque sea por decreto. Eso sí, si el BoP sale mal, no será extraño ver a algún ingeniero escondiendo el manual del coche bajo el brazo para que nadie le copie la fórmula mágica.