El mapa energético europeo se dibuja con trazos opuestos: Alemania y España aceleran el cierre de sus nucleares mientras Francia duplica su apuesta por estos reactores. Al otro lado del Atlántico, Bluecore Energy ensaya centrales flotantes capaces de alimentar 15.000 hogares, aunque por ahora son cascarones sin combustible. Para el ciudadano medio, la factura de la luz será un termómetro de estas decisiones políticas.
Centrales flotantes: la apuesta de EEUU que aún no flota del todo ⚓
El proyecto de Bluecore Energy propone barcazas con reactores modulares ancladas cerca de la costa, diseñadas para suministrar electricidad a comunidades costeras o zonas de desastre. Sin embargo, los prototipos actuales carecen de uranio y sistemas de refrigeración activos. Los ingenieros afirman que la tecnología es viable, pero los permisos regulatorios y la seguridad ante tormentas o ataques siguen siendo asignaturas pendientes. Mientras tanto, Francia planea construir hasta 14 nuevos reactores EPR para 2050, una estrategia que contrasta con el calendario de desmantelamiento alemán, fijado para 2038. La diferencia de criterios técnicos y políticos evidencia que no existe una hoja de ruta común.
Apaga y vámonos: la carrera europea por quedarse a oscuras 🔌
Alemania cierra plantas y compra electricidad a Francia, que a su vez usa uranio ruso. España promete renovables para 2035 pero mantiene el gas como plan B. Y mientras tanto, EEUU presenta barcazas nucleares que parecen decorados de película: bonitas, pero sin pilas. Si esto fuera una serie, el guion sería un drama con toques de comedia: cada país hace lo contrario que su vecino y luego se sorprende cuando sube el precio. La transición energética global avanza, pero cada uno a su ritmo, con su calculadora y, a veces, sin mirar al de al lado.