Las ruinas de St. Thomas, un pueblo sumergido en 1938 por la presa Hoover, han reaparecido en Nevada. El retroceso del lago Mead, provocado por la sequía extrema, deja al descubierto los cimientos de esta localidad. Este fenómeno no es una curiosidad arqueológica; es un termómetro de la crisis hídrica que amenaza el suministro de agua para millones de personas en el oeste de Estados Unidos.
La ingeniería hidráulica frente al colapso del caudal 💧
El sistema de presas del río Colorado, diseñado para almacenar 35 millones de acre-pie, opera hoy al 30 por ciento de su capacidad. La infraestructura de generación hidroeléctrica de la presa Hoover, que abastece a 1.3 millones de personas, funciona con turbinas que requieren un nivel mínimo de agua. Cada metro que baja el embalse reduce la presión en las tuberías de distribución. Las autoridades han declarado alerta en Arizona y Nevada, con recortes obligatorios del 21 por ciento en la extracción para consumo urbano y agrícola.
El pueblo que vuelve para recordarte que te laves los dientes con menos agua 🏚️
St. Thomas resucita cada pocos años, como un vecino pesado que no se entera de la fiesta. Ahora sus escombros son la atracción turística más deprimente del desierto. Mientras tanto, en Las Vegas, los casinos siguen regando sus fuentes. La ironía es que para ver el pueblo hay que caminar sobre lo que antes era fondo marino, y algunos turistas preguntan si pueden llevarse un ladrillo de recuerdo. Claro, total, con el agua que falta, hasta los recuerdos se vuelven polvo.