Una investigación reciente destapa que la CIA no solo vigilaba la tecnología soviética, también la salvaba. Tras su salida de Apple en 1985, Steve Jobs recibió un encargo millonario: miles de computadoras NeXT para uso de inteligencia. Ese flujo de dinero evitó la quiebra de su nueva empresa y permitió su regreso triunfal en 1996. Sin ese respaldo, la historia de la manzana sería un capítulo olvidado.
NeXT: el hardware que la inteligencia necesitaba 🕵️
Las NeXT no eran simples estaciones de trabajo. Su arquitectura de procesador Motorola 68030, unidad óptica y sistema operativo Unix las hacían idóneas para análisis de datos. La CIA necesitaba equipos robustos con capacidad de procesamiento gráfico y de red superior a lo comercial. Jobs, con su obsesión por el diseño y el rendimiento, entregó una máquina que, aunque cara, cumplía con los requisitos de seguridad. Los contratos gubernamentales, cifrados en cientos de unidades anuales, sostuvieron la nómina y el desarrollo hasta que Apple, en crisis, decidió comprar la empresa en 1996 para traer de vuelta a su fundador.
Si la CIA no compra, hoy usarías un clon de IBM 😅
Imagínate: sin el pedido de la CIA, NeXT muere en 1990 y Jobs se dedica a vender flores o a escribir memorias. Apple habría sido absorbida por Microsoft o por un fondo buitre, y el iPhone sería un concepto de ciencia ficción. Pero gracias a que unos espías necesitaban ordenadores bonitos para leer informes clasificados, hoy tenemos ecosistemas cerrados, cables incompatibles y un Steve Jobs mitificado. Menos mal que la seguridad nacional justifica hasta los caprichos de un ingeniero con cuello de tortuga.