En la frontera entre Croacia y Bosnia, escondida en una montaña, yace el proyecto militar más caro de la antigua Yugoslavia. Una base aérea subterránea diseñada para sobrevivir a un ataque nuclear, con hangares, túneles y cuarteles para mil soldados. Su coste actualizado supera los 22.000 millones de euros. Hoy, ese monumento al gasto público es una atracción para curiosos que recorren sus pasillos vacíos.
Ingeniería extrema bajo tierra: túneles que desafiaban al apocalipsis 🚀
La construcción implicó excavar 3,5 kilómetros de túneles en roca caliza, con puertas blindadas de acero de varias toneladas capaces de sellar el complejo en segundos. El sistema de ventilación filtraba partículas radiactivas y el suministro energético era autónomo mediante generadores diésel y baterías subterráneas. Las pistas de aterrizaje interiores permitían despegar a cazas incluso con el exterior destruido. La precisión técnica era notable, pero su utilidad real duró poco: la guerra civil acabó con ella antes que cualquier bomba.
De búnker de lujo a selfie de domingo 📸
Los mismos que pagaron su construcción con sus impuestos ahora pagan entrada para verla. No hay amenaza nuclear, pero sí wifi en la cafetería de la entrada. Los guías cuentan que los soldados tenían más espacio que los turistas en hora punta. Eso sí, el aire acondicionado sigue funcionando, algo que no logran muchos centros comerciales de la zona. Ironías de invertir en defensa: el enemigo no era una bomba, sino el paso del tiempo y la política.