Yayoi Kusama, la artista de los lunares infinitos, ha fallecido a los 97 años. Sus Infinity Mirror Rooms no eran salas, eran portales. Su obsesión por la repetición y la escala redefinió cómo percibimos el espacio. Para quienes construimos mundos virtuales, su obra no es inspiración: es un manual de instrucciones. Su mirada sobre la percepción espacial se adelantó a las cámaras y a los motores gráficos actuales.
Del lienzo al pipeline: cómo sus patrones dictan la lógica del VR 🎮
En el desarrollo de entornos inmersivos, su técnica de multiplicar un elemento hasta anular el punto de fuga es una lección de optimización. Los motores actuales, como Unreal o Unity, usan instancing para replicar geometría sin colapsar la GPU. Kusama ya hacía esto con pintura y espejos. Su manejo del vacío y la escala guía el diseño de niveles: un pasillo infinito no necesita más polígonos, necesita una textura bien mapeada y una cámara que respire. Su legado es código conceptual.
Adiós a la reina del patrón: ahora sí que no hay escapatoria 🌌
Si algo nos enseñó Kusama es que un punto repetido puede volverse un universo, o un dolor de cabeza si el artista no mide bien. Los que hemos pasado horas en una sala oscura con luces LED sabemos que su fórmula era simple: una habitación, espejos y paciencia. Pero cuidado, replicar su efecto sin su criterio produce mareo en cinco minutos. Su muerte deja un vacío que ningún asset pack podrá llenar. Al menos, ya no habrá que pedir permiso para copiar sus lunares.