El canadiense de origen hongkonés Ivan Li ha dejado atrás la industria de efectos visuales para crear cortos en 3D donde el humor grotesco, la violencia y temas como la soledad o el sexo chocan con el cine convencional. Su serie Jelly Baddies presenta criaturas deformes atrapadas en mundos caóticos, un espejo incómodo pero honesto de inquietudes humanas universales que no deja indiferente a nadie.
Del CGI corporativo al caos controlado: así construye sus mundos 🎭
Li utiliza software de modelado y simulación de fluidos para dar vida a sus personajes gelatinosos, con texturas que parecen carne derretida. Su proceso combina rigging tradicional con físicas deformables en tiempo real, logrando movimientos impredecibles que refuerzan la sensación de descontrol. Cada corto se renderiza con iluminación dura y colores saturados, creando una estética deliberadamente fea que exige al espectador mirar de reojo. El resultado es una técnica pulida al servicio de narrativas perturbadoras, donde el error digital se convierte en herramienta expresiva.
Cuando tu vecino anima monstruos que te recuerdan tus lunes 👹
Si creías que tu jefe era un ser extraño, espera a ver las criaturas de Li: cuerpos que se estiran como chicle, ojos que miran desde sitios imposibles y una capacidad para el caos que haría palidecer a cualquier oficina. Sus cortos son como un mal sueño tras comer demasiado queso a medianoche. Y aunque algunos piden que vuelva a los efectos visuales de Hollywood, Li sigue empeñado en mostrar que lo incómodo también puede ser un espejo, uno que no te devuelve una imagen bonita, pero sí sincera.