El director Eli Roth ha reconocido que empleó inteligencia artificial en su película de terror Ice Cream Man, contradiciendo sus declaraciones previas donde aseguraba que toda la animación era dibujada a mano. En entrevistas recientes admitió que la IA generó parte de los dibujos animados y un flashback, aunque no precisó el alcance ni cómo se integró con el trabajo humano. Esta revelación abre el debate sobre la transparencia en la industria cinematográfica.
La IA se cuela en la producción sin avisar 🎬
La confesión de Roth evidencia una práctica creciente en Hollywood: usar herramientas generativas para reducir costos y tiempos de producción. Según sus palabras, la IA participó en segmentos específicos de animación y una secuencia retrospectiva, pero no detalló si los artistas originales fueron reemplazados o solo asistidos. La falta de especificaciones genera incertidumbre entre profesionales del sector, que ven cómo sus habilidades pueden quedar en segundo plano. Sin una regulación clara ni etiquetado obligatorio, el público no puede distinguir qué fue creado por humanos y qué por algoritmos, lo que afecta la percepción del trabajo artístico.
Roth dibuja con píxeles y borra con excusas 🤖
Parece que el director encontró la varita mágica del cine moderno: un prompt bien escrito y listo, menos nómina que pagar. Eso sí, cuando le preguntan, la respuesta es tan clara como un guion de terror de serie B: primero dice que todo es artesanal, luego que la IA solo ayudó un poquito, y al final que no recuerda los detalles. Quizá pronto nos confiese que también generó el guion con ChatGPT y los sustos con un algoritmo de sustos aleatorios. Mientras tanto, los artistas esperan su crédito en los títulos finales, aunque sea como personajes no jugables.