El Festival de Salzburgo recupera la única ópera de Olivier Messiaen, San Francisco de Asís, ausente de sus tablas desde hace 28 años. La producción corre a cargo de Romeo Castellucci, cuyo lenguaje escénico transforma la propuesta en un acontecimiento visual y sonoro. Para el público local, es una oportunidad de acceso a una pieza de enorme densidad musical, aunque la alta demanda anticipa la necesidad de planificar la compra de entradas con tiempo.
La ingeniería escénica de Castellucci aplicada a la partitura de Messiaen 🎭
La puesta en escena exige una coordinación técnica de precisión. Castellucci emplea superficies reflectantes y un sistema de iluminación dinámico que responde a los cambios de tempo de la orquesta. El coro, amplificado mediante micrófonos de ambiente, se distribuye en plataformas móviles que requieren un seguimiento por parte de los operadores. La partitura de Messiaen, con sus bloques armónicos y silencios medidos, obliga a los ingenieros de sonido a calibrar la acústica del Festspielhaus. Cada ensayo técnico ajusta los tiempos de reacción entre la dirección musical y los movimientos escénicos.
Planifique su butaca o verá el telón desde el pasillo 🎟️
Los abonos vuelan como si llevaran alas franciscanas, y no precisamente por bendición divina. Los revendedores ya ajustan sus precios como si la ópera durara una semana. Si usted no tiene entrada, no se angustie: siempre queda la opción de escuchar el ensayo general desde la puerta de atrás, o de seguir el evento por la radio mientras simula estar en el patio de butacas. La experiencia cultural es memorable, pero la logística, para caminantes sin hábito, resulta un pequeño calvario.