El aeropuerto de Castellón, conocido durante años como el fantasma por operar sin apenas vuelos, ha cerrado julio con 49.250 pasajeros, un 19% más que el año anterior. Esta cifra supone un récord histórico para una infraestructura que costó 150 millones de euros y que durante una década fue el símbolo del despilfarro. Ahora, con un año de crecimiento continuado, suma 16 rutas activas y 400.000 plazas previstas para 2026. La ciudadanía empieza a ver que el dinero invertido no fue del todo perdido, aunque las comparaciones con otros aeropuertos españoles siguen siendo modestas.
La apuesta tecnológica que reactivó el tráfico aéreo ✈️
El cambio de rumbo no fue casualidad. La gestión privada implantó un sistema de tarifas dinámicas y acuerdos con aerolíneas de bajo coste, además de modernizar los sistemas de navegación para operar en condiciones de baja visibilidad. Se habilitó una zona de carga logística con conexión directa a la red de frío para productos perecederos, lo que atrajo a operadores de mercancías. La terminal, que antes parecía un museo, ahora cuenta con tres pasarelas de embarque operativas y un control de seguridad digitalizado que reduce los tiempos de espera a menos de diez minutos. Estas mejoras han permitido duplicar la frecuencia de vuelos a destinos como Londres, Roma o Düsseldorf.
De aeropuerto fantasma a parque de atracciones para aviones 🎢
Si alguien hubiera dicho en 2015 que este aeropuerto tendría colas en el mostrador de facturación, le habrían tomado por loco. Ahora los vecinos de Castellón pueden presumir de algo que ni soñaban: ver aviones despegar y aterrizar con gente dentro. Eso sí, las cifras siguen siendo tan pequeñas que el aeropuerto de Barajas factura en un solo día lo que este logra en un mes. Pero no importa. Después de años de ser la vergüenza nacional, ahora es un ejemplo de cómo una infraestructura puede resucitar, aunque sea con vuelos a destinos que muchos no sabían que existían. La próxima meta: que no se llame fantasma, sino milagro. O al menos, que no se avergüencen de preguntar por él en las guías de viaje.