El mapa de los cines de verano en Córdoba se reduce a un único superviviente: el Coliseo San Andrés. Dos espacios históricos, el Gran Capitán y el Fuenseca, cierran sus puertas por falta de licencias y una rentabilidad que se desploma. La plataforma ciudadana exige compra municipal y protección como Bien de Interés Cultural, pero el tiempo corre. Para el sector, la señal es clara: sin un plan económico viable, la exhibición tradicional agoniza.
Gestión flexible y apoyo público: la ecuación que falta en la exhibición 🎬
El problema no es la nostalgia, sino el modelo de negocio. Un cine de verano necesita más que proyectar películas: requiere mantenimiento anual, licencias actualizadas, seguros y una programación que atraiga público. El Coliseo opera con una estructura ligera, pero los otros dos arrastraban costes fijos que no cubrían la taquilla. La solución técnica pasa por convenios de explotación con empresas locales, tarifas dinámicas por sesión y subvenciones municipales para rehabilitación. Sin esa ingeniería financiera, cualquier sala histórica es un agujero negro económico. El Ayuntamiento debe decidir si invierte en patrimonio cultural o asume la pérdida definitiva.
El aire acondicionado gana la partida al cine bajo las estrellas 🌙
Mientras tanto, en las salas comerciales con butacas reclinables y aire acondicionado a 20 grados, el público no piensa en veladas románticas bajo la luna. Los cines de verano tienen un encanto que no se puede medir en euros, pero tampoco se puede pagar la factura de la luz con encanto. Quizás la solución sea convertir el Coliseo en un museo del cine al aire libre, con proyecciones solo para turistas que quieran contar que vieron una película en un sitio antiguo. Los vecinos, mientras tanto, verán las películas en casa con la ventana abierta, que es gratis.