General Motors ha aparcado la llegada de Cadillac al Reino Unido, un mercado que anunció a bombo y platillo hace apenas un año. La presión de las marcas chinas y europeas en el segmento eléctrico ha convertido la aventura en un espejismo: apenas una veintena de unidades matriculadas y una única concesión operativa en Irlanda. Para el consumidor, esto significa menos alternativas de compra y unos precios que, lejos de ajustarse, probablemente subirán.
La estrategia eléctrica de GM se estrella contra la realidad europea 🚗
El plan de GM pasaba por usar la plataforma Ultium para competir con Tesla y los fabricantes locales, pero la logística y la homologación han pesado más que el marketing. Mientras los rivales chinos ofrecen baterías de estado sólido y una densidad energética superior, Cadillac llega con una infraestructura de carga deficiente y unos costes de distribución que disparan el precio final. La marca ha decidido redirigir recursos hacia sus mercados tradicionales, donde el motor de combustión sigue generando ingresos estables.
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Resulta que cruzar el charco con un SUV de lujo y esperar que los británicos hagan cola era un sueño tan realista como vender neveras en el Ártico. Mientras los concesionarios de Irlanda cuentan los coches vendidos con los dedos de una mano, GM ya ha hecho las maletas y ha vuelto a casa con el rabo entre las piernas. Eso sí, la próxima vez que anuncien una gran expansión europea, quizá deberían consultar primero un mapa y, de paso, la factura de la luz.