La Universidad de Maine deja atrás la fase de demostración con su sistema BioHome3D. El proyecto, desarrollado junto a Penquis, pasa de una única vivienda a un plan de fabricación repetible que contempla nueve hogares en tres fases. La clave reside en la Factory of the Future, una instalación que multiplica por cinco la velocidad de extrusión, alcanzando las 500 libras por hora. Para el sector, esto deja de ser una curiosidad académica y se convierte en un ensayo real de producción en serie con materiales de base biológica.
Factory of the Future: el salto a la automatización con materiales ignífugos 🏭
El avance técnico se centra en dos frentes: la automatización del proceso y el comportamiento de los materiales. La impresora de gran formato ahora opera de forma continua, reduciendo los tiempos muertos entre capas. Los compuestos de base biológica han sido reformulados para cumplir con estándares de resistencia al fuego, un requisito no negociable para su homologación en obra. Además, el sistema integra control de calidad en línea, lo que permite ajustar la temperatura y la velocidad de deposición en tiempo real. El objetivo es validar que la tecnología puede trabajar de forma fiable durante jornadas prolongadas, sin supervisión constante y con tolerancias dimensionales aceptables para el ensamblaje de puertas, ventanas e instalaciones. Cada fase servirá para documentar fallos, corregir parámetros y demostrar que la construcción aditiva no es solo viable para un prototipo de feria.
Impresión 3D: ahora con menos humo y más velocidad ⚡
Después de años viendo casas impresas que parecían sacadas de una impresora de oficina atascada, Maine sube la apuesta. Ahora, en vez de una sola vivienda para enseñar en fotos, quieren construir nueve. Y si todo va bien, quizás no tarden una década en hacerlo. Lo divertido es que mientras el resto del mundo discute si el hormigón impreso es arquitectura o escultura gigante, aquí han decidido que la madera reciclada y el plástico de origen vegetal son suficientes para que nadie se queje del olor a obra. La ironía es que la mayor innovación no es la impresora, sino haber convencido a una aseguradora de que una casa hecha capa a capa no se va a derretir con el primer calor de verano. Eso sí, si la velocidad de impresión falla, al menos tendrán tiempo de sobra para tomar un café mientras esperan a que la máquina decida qué capa toca ahora.