El Centro Dramático Nacional estrena Tinieblas, una obra de Edurne Rubio donde la niebla es la protagonista escénica. El espectador abandona la vista y se adentra en lo desconocido, dejando de lado el control para reencontrarse en un espacio compartido. No hay trama clásica, sino una exploración sensorial de lo efímero.
Niebla como motor escénico: diseño técnico y espacial 🌫️
La producción utiliza generadores de vapor de alta densidad para crear una atmósfera cambiante que anula referencias visuales. El sonido direccional y la iluminación tenue refuerzan la desorientación, obligando al público a usar el tacto y el oído. Rubio concibe la niebla como un material vivo que reacciona a la respiración y movimiento de los asistentes, transformando el espacio en un organismo dinámico.
Perderse en la niebla: la excusa perfecta para no saludar a nadie 😈
Si siempre quisiste desaparecer en una función sin tener que fingir interés en el after, Tinieblas es tu salvación. La obra te da permiso para vagar como un fantasma sin rumbo, y cuando te reencuentres con el resto, ya no estarás solo. Ideal para evitar conversaciones incómodas: total, la niebla lo justifica todo.