El Palais de Tokio inicia su temporada con un ciclo de seis exposiciones individuales. Todas orbitan en torno a un eje conceptual: la fragilidad, la discapacidad y la diferencia. Los artistas colocan el cuerpo vulnerable en el centro de su discurso, desafiando normas físicas y sociales preconcebidas. Esta propuesta colectiva no presenta la debilidad como un déficit, sino que la transforma en una manifestación palpable de resistencia y potencia expresiva.
Renderizando la fragilidad: técnicas al servicio de la diferencia 🖌️
Desde un enfoque técnico, estas muestras emplean medios diversos para materializar su discurso. Se observa el uso de escaneo 3D y modelado digital para capturar cuerpos no normativos, creando archivos que desafían los estándares de belleza algorítmicos. La impresión 3D permite la fabricación de prótesis convertidas en elementos escultóricos, mientras que el video y la realidad aumentada desdibujan los límites entre lo íntimo y lo expuesto. Es una aplicación tecnológica que no busca corregir, sino evidenciar y celebrar la singularidad física.
Mi avatar tiene más agujetas que yo 🤖
Resulta curioso pensar que, mientras nosotros intentamos optimizar cada aspecto de nuestra vida digital, estos artistas se dedican a subir a la nube versiones 3D de cuerpos con marcas, cicatrices y formas que el software estándar intentaría suavizar. En un mundo obsesionado con los filtros, ellos presentan el anti-filtro por defecto. Quizás su mayor hackeo no es técnico, sino conceptual: demostrar que un modelo orgánico con errores de fabricación puede tener más capas de renderizado emocional que cualquier personaje de videojuego pulido hasta el infinito.