En agosto de 2023, una expedición en el golfo de Alaska halló a 3.200 metros de profundidad una semiesfera dorada con un agujero central. Bautizado como huevo alienígena en redes, su origen fue un misterio durante tres años. Ahora, el ADN mitocondrial ha revelado su verdadera naturaleza.
El análisis genético resolvió el enigma oceánico 🧬
El espécimen fue trasladado al Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian. Allí se secuenció su ADN mitocondrial, descartando que fuera un huevo, una esponja o un biofilm bacteriano. El análisis lo vinculó con Relicanthus daphneae, una anémona gigante de 2006 cuyos tentáculos superan los dos metros. El orbe dorado resultó ser un relicto cuticular: los restos de la base que la anémona usa para anclarse a las rocas. Cuando el animal muere o se desprende, esta estructura carnosa y resistente queda atrás. El agujero no era una marca de eclosión, sino un desgarro natural en el tejido residual.
Del hype alienígena a los restos de un inquilino 🐙
Así que el famoso huevo extraterrestre no era más que el pie de una anémona gigante. Tras meses de especulación y memes intergalácticos, la ciencia nos devuelve a la realidad: lo que parecía una señal de vida inteligente era el equivalente oceánico a una suela de zapato abandonada. Al menos, el agujero central servirá para que los fans del misterio sigan imaginando que algo salió de ahí.