El artículo de F. Molinero expone un problema recurrente en Cataluña: tras diez años cursando inglés, los alumnos de la ESO no alcanzan el nivel esperado. Las pruebas de competencia básica revelan carencias graves en expresión oral y escrita, pese a la inversión en horas lectivas e inmersión. La falta de contacto real con el idioma y una metodología centrada en la gramática lastran el aprendizaje.
Cómo la tecnología podría cambiar el enfoque pedagógico 💡
El problema no es de horas, sino de método. Mientras los estudiantes pasan años memorizando reglas gramaticales, herramientas como plataformas de intercambio conversacional con IA o simulaciones de entornos angloparlantes podrían ofrecer práctica real. Aplicaciones de reconocimiento de voz y chatbots ya permiten ejercitar la expresión oral sin presión. Integrar estas tecnologías en el aula, junto con tareas que exijan comunicación espontánea, reemplazaría la repetición pasiva por un uso activo del idioma.
Diez años de inglés y aún no sabemos pedir un café ☕
Diez años. Casi nada. Suficientes para ver nacer, crecer y morir a tres generaciones de móviles. Pero no para que un alumno pida un café en Londres sin señalar con el dedo. Mientras tanto, seguimos conjugando el verbo to be en presente simple como si mañana no hubiera un examen. Ironías de un sistema que invierte millones en horas de clase, pero olvida que el inglés se aprende hablando, no subrayando.