La figura del coordinador de intimidad, como Tábata Cerezo en producciones de Netflix, es un resultado directo del movimiento Me Too. Su función es establecer protocolos que garanticen el consentimiento y bienestar de los actores en escenas sensibles. A pesar del recelo inicial por una posible limitación creativa, su labor se ha revelado como un pilar para la seguridad en el set. Además, aporta eficacia a la producción al evitar conflictos y facilitar un trabajo más orgánico.
La metodología técnica: protocolos, barreras y coreografía 🛡️
El trabajo es metódico y se estructura en fases. Comienza con una reunión previa para establecer límites y acuerdos contractuales claros. En rodaje, se implementan barreras físicas (como protectores de carne o ropa especial) y se delimita el espacio con marcas precisas. Cada contacto, mirada o movimiento se coreografía y ensaya como una secuencia de baile, con un lenguaje de stop consensuado. Esta planificación minuciosa permite repetir tomas con exactitud y protege a todo el equipo.
El director de besuqueo que nadie sabía que necesitaba 😄
Es curioso pensar que, durante décadas, el cine asumió que dirigir una escena de pasión era como coordinar una pelea de almohadas. A ver, tú abrázala fuerte y tú gira la cabeza... ¡y acción! Ahora, con un profesional al mando, queda claro que sin protocolo era más un salto al vacío que una dirección. Al final, tener a alguien que pregunte ¿te viene mejor la mano aquí o aquí? no mata el arte, solo evita que un actor tenga que explicar a su familia por qué aparece con un cardenal en un sitio tan peculiar.